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Hubo pueblo

Co-producción argentino-portuguesa

Imagina que tu pueblo va a desaparecer: las casas abandonadas, tu dialecto olvidado y toda tu historia e identidad lentamente borradas del mapa. ¿Qué fragmento guardarías para que un arqueólogo del futuro reconstruyera tu cultura?

Antonio trabaja demoliendo el interior de viejas casas de Alentejo, que luego se venden remodeladas. De esas casas elige pequeños restos, despojos de la demolición,  y las reúne con su viejo carnet del Partido Comunista y un puñado de champiñones de estación recolectados del campo.

Desde allí reconstruye su propia historia y la historia de la relación con su padre, un albañil y trabajador rural que hace poco se fue en el silencio de los mismos árboles entre los que, temporada tras temporada, él y Antonio vagaban recolectando champiñones.

Fragmentos de una historia mínima, personal, que también es la metonimia de la memoria de todo un pueblo y una tierra amenazada por el olvido de la especulación inmobiliaria. Una memoria colectiva, guardada en el puño y la boca de personas comunes y corrientes como Antonio y su padre, y en las raíces de las cosas que crecen despacio.

Propuesta conceptual /

En un mundo atravesado por la especulación inmobiliaria, el aceleracionismo y la homogeneización cultural, esta obra recupera el valor de la intimidad como paisaje colectivo, la naturaleza como sujeto y los pequeños fragmentos como cápsulas de historia común. Para, desde allí, proponer un ejercicio arqueológico que invita a vagar por las historias mínimas que nos permiten imaginar nuevos mundos comunes. 

A partir de recuerdos fragmentarios de un trabajador de la construcción, militante del PC y vagabundo de Alentejo, la dramaturgia rescata el propio cuerpo como territorio político, la memoria como práctica colectiva y a cada persona y su paisaje como archivo sensible desde el cual fundar futuros posibles, sostenidos en la lógica del cuidado, la escucha y el afecto con la tierra, dentro de una temporalidad expandida que, desde lejos, nos invita a mirar hacia adelante con otro ritmo.

Propuesta artística /

1. Dispositivo escénico: archivo vivo y juego arqueológico

La obra cruza práctica arqueológica, instalación visual, teatro documental e investigación participativa en vivo. Trabaja con materiales de archivo reales: fotografías, diarios, cartas, herramientas, restos de la construcción, objetos personales, junto a registros sonoros y audiovisuales de época, expuestos y manipulados en escena. Antonio construyen una dramaturgia en tiempo real, activando estos fragmentos junto a las espectadoras, con el fin de construir una dramaturgia común y compartida. Y con los restos de las casas demolidas, construye un espacio común dentro del cual todas podamos vagar en el tiempo. 

2. Participación del público: investigador y dramaturgo en tiempo real

El público participa activamente: no solo observa, sino que se sumerge en el mismo juego de indagación y fabulación colectiva. A partir de los materiales desplegados, especula, genera hipótesis, imagina quiénes pudieron haber sido esas niñas. Así se construye, de forma colectiva, la narración singular de cada función. Cada función es irrepetible: una historia nueva emerge del cruce entre los restos del pasado y la imaginación del presente.

3. Biografía expandida: lo personal como archivo común

Un trabajador con las manos curtidas de demoler casas que también ese rostro anónimo de las fotos: ese hombre que está allí, prestándose al juego de reconstruir su propia vida, su propia tierra, como si fuera la de otro. Y ofreciendo sus biografías no como materia autorreferencial, sino como materia común: un punto de partida desde el que imaginar otras existencias, otros relatos, otros futuros. Para trazar, colectivamente, junto a las espectadoras, mundos posibles a partir de pequeños fragmentos sensibles. 

4. Más que una obra de teatro: ejercicio de memoria y fabulación colectiva

La obra no es simplemente una obra de teatro, sino un ejercicio de memoria y de fabulación colectiva. Desde una teatralidad expandida, minimalista y fragmentaria, ensaya un gesto radical y espontáneo: reconstruir —o imaginar— un país olvidado a partir de los vestigios de un hombre obligado a destruir las mismas casas que su padre construyó, y que vaga por los campos juntando los champiñones en los que se guarda la memoria de su padre.

Equipo de trabajo /

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En escena

António Revéz

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Dramaturgia y Dirección

Ignacio Tamagno

Hubo pueblo

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